Nuestro encuentro es un regalo


Hoy cumplo 41 años, capricorniana y caballo de fuego según el horóscopo chino.
Los 40
en mi caso pasaron de forma bastante bien con emociones intensas a nivel personal por haber alcanzado objetivos propuestos años anteriores.

Puedo decir que la vida es un eterno
recomenzar, donde nunca falta un rico para saborear y tomarse el tiempo necesario para meditar sobre los nuevos comienzos y tomar una bocanada de aire para continuar.

Este espacio me ha permitido alcanzar un sueño…una perla en mi vida que venía reservándola para estrenarla con un vestido elegante cuando fuera el momento indicado: escribir, una de mis mayores pasiones.
La escritura me permite bucear en mi alma y pensamientos, en un
mar de fondo donde se entremezclan lágrimas y sonrisas. De alguna forma escribir desde un útero de papel, desde las entrañas mismas de mi persona haciéndoles llegar temas que me interesan y que espero, sean también de su interés. ¿Seré una chica emprendedora? A veces pienso que sí, al menos me arriesgué en este pequeño emprendimiento personal y me animé a abrir esta ventana al mundo.


Viajar siempre fue también uno de mis mayores placeres, y tengo cuentas pendientes con gran parte del planeta. No conozco Madrid (no Madriz), pero espero poder conocerlo algún día. Tampoco Mérida en México, y si existiera la posibilidad de viajar en el tiempo, iría al antiguo Egipto para que un faraón como Ramsés, fascinante guerrero y constructor de colosos templos, me lleve a recorrer sus fantásticas tierras.

Soy en parte una cuentista de la vida, de mi vida y de mis 40. Sé de luchas: de las grandes batallas y de las otras. Sé de presencias y de ausencias también, de amores que matan y de los que no vale la pena nombrar siquiera pero que fueron amores allá, hace tiempo.
En uno de mis primeros post dije que la vida es como un libro en blanco sin renglones ni tinta, ni esbozos de garabatos en márgenes. Sólo
papel blanco…ni más ni menos. Allí escribimos nuestra historia de vida como lo hace el Sr. Rodríguez en su bitácora.

A esta altura sabemos que no todo es rosa. Hay claroscuros, matices, y pinceladas de miedos e inseguridades, de rabias, amor, ternura, de soledades y compañías. Uno camina entre poemas, ficciones y realidades y esto vale, porque la mezcla de texturas y sabores hace de todo ello, una buena combinación de color e intensidad de vida.
Y sigo soñando y anhelando. Soy como
el perro sin raza común y corriente, que sólo busca una mano que lo acaricie, proteja, y un amparo bajo el abrazo de una sombra amiga donde guarecerse.

Hay quienes dicen que a los 40 las mujeres vivimos “una segunda adolescencia”, esa etapa posterior a la
niñez repleta de inseguridades y búsquedas. Pues bienvenida sea esta etapa nuevamente si significa seguir creciendo y apostando por lo que se quiere alcanzar.
Una vez dije, acá mismo, que “ siempre traté de tomar las cosas como vienen y pensar que el día es hoy, que no estamos seguros del mañana y por eso hay que disfrutar el presente. Hace unos años, una frase me quedó grabada a fuego en la mente y es: Sólo por hoy".
Por todo esto,
cuento y punto.

Agradezco a todos los lectores que han pasado por este blog a hacerme compañía. A aquellos que tímidamente dejaron sus opiniones y comentarios, y a los que no se atrevieron también.
Este es el último post de este año. Espero contar con cada uno de ustedes en el 2008 para seguir nutriéndonos, opinando, reflexionando, sonriendo y sorprendiéndonos.


Recomiendo ver el video y subir el volumen (si es a toda potencia, mejor todavía…¡a bailar!).



Además, aprovecho esta ocasión para desearles mucha PAZ interior, SALUD para disfrutarla y AMOR para compartirla.




Con cariño,

Marcela














Compartir el brindis



Se avecinan en breve las Fiestas, momentos que en general se comparten en familia y con amigos donde no faltan las mesas con turrones durísimos, pan dulce que pocos comen (porque o son muy secos o tienen frutas de todos colores).
También hay momentos de estreno de bombacha rosa para nosotras, que hasta el día de hoy no sé si se estrenan en Navidad o Año Nuevo.
Rápidamente hay que comer la entrada con fiambres y ensaladas varias, seguido por el plato principal para luego terminar con un postre (helado para la mayoría en Argentina) para seguir deglutiendo, cascanueces de por medio, nueces, almendras y avellanas, pan dulce, y todas cositas chiquitas que entran en los bowl y que suman 1500 calorías por unidad digerida.

Suelo pasar la Navidad con mi familia más cercana, en la casa de mi hermana. Somos siete personas y la pasamos bien sin tanta alharaca, cumpliendo con los tradicionales rituales: regalitos, sorpresas, un Papá Noel improvisado, brindis, algún petardo de mis sobrinos, comida rica y una velita por comensal, todo en un ámbito cálido y distendido.



Sin embargo, todos los años viene a mi mente la misma incertidumbre y cuestionamiento, y es en la cantidad de gente que está sola y no tiene con quien compartir un brindis.
Sabemos que la soledad en muchas situaciones hasta es provechosa, pero también acarrea mucha tristeza en estas especiales fiestas. Si a una misma le genera nostalgia y melancolía ver sillas vacías por seres que ya no están, imagino que no tener a nadie no debe ser nada fácil.
En la medida de lo posible, sería una buena idea invitar a ese amigo o vecino que se encuentra solo, que no se quede en su casa escuchando el tintineo de las copas vecinas y sintiendo risas que no tienen ninguna vinculación con él.

Hay quienes proponen quedarse solo y aprovechar ese día para uno. En eso yo estoy de acuerdo y creo que un día antes, me iría a comprar un regalo o, como siempre digo, un auto-regalo. Compraría comida, pasaría por un video y me alquilaría alguna película que me guste. Tal vez lo aprovecharía dándome un buen baño de sales y aceite que nunca está demás completando con alguna mascarilla facial ¿por qué no? sería parte de mi “auto-regalo”.



Otra de las opciones que se presentan para quienes están solos o son dos personas por ejemplo, es ir a un restaurante. Para estas ocasiones muchos de ellos los preparan para pasarlo de la mejor manera posible y haciendo de estas fechas, una velada agradable.
Fui dos veces a un restaurante de un amigo con mi familia luego del fallecimiento de mi padre, tres meses antes. La pasamos muy bien en ambas circunstancias, a pesar de que costaba mantener una sonrisa mientras el nudo inevitable en la garganta se presentaba intensamente al anunciar las doce. Esta alternativa no deja de ser buena y atractiva, y es para pensarla seriamente para quienes estén solos o deseen pasar unas fiestas diferentes.



Por último, hay quienes recomiendan que si se está solo, otra posibilidad es sacar fotos de amigos y seres queridos. Ahora yo me pregunto, ¿acaso es necesario sacarlas del álbum en esta fecha con todo lo que representa estar solo/a en días así?


No me parece ni el día ni el momento oportuno, porque creo que sí se sufriría mucho recordando situaciones pasadas. Sabemos que más allá del sentido que uno le dé a las fiestas, es una velada de carga emocional muy fuerte, por lo tanto, no lo veo como un “programa interesante”…todo lo contrario.


Sea como fuera, las fiestas hay que pasarlas y de la manera más saludable para cada uno, entendiendo por “saludable” a todo aquello que nos haga bien: desde el disfrute de la comida, un abrazo con el pensamiento, un llamado, un gesto hacia esa persona anciana algo olvidada que conocemos y un “chin-chin” con el vecino. Porque todo vuelve en la vida, y nada mejor que acordarse de quienes hoy están solos pensando cómo pasarán estas fiestas y si alguien se acordará y brindará con ellos…


















Pepe...¡Mucho Gusto!

Concurrí al taller literario apenas 3 meses hace algunos años, que luego lamentablemente abandoné por falta de tiempo. Uno de los trabajos que recuerdo con mucho cariño, era acerca de escribir una carta a un rostro en una foto. Mientras los demás eligieron fotos de familiares, yo no.
A medida que se iban leyendo los trabajos, no faltaban las lágrimas ni los sonidos de narices congestionadas. El ambiente se tornaba cada vez más pesado y difícil de seguir escuchando lamentos y hasta palabras desgarradoras.
Como presentí que iba a pasar eso, elegí un rostro conocido de mi infancia, así que a ese rostro algo tristón, dirigí mi pequeña y humilde dedicatoria.


Mi muy recordado José:

No creo que estas palabras lleguen de forma tradicional a tus ojos, como lo harían aquellas cartas que enviamos en un sobre con destino concreto, pero espero que de alguna manera las leas y sientas lo que pretendo transmitirte.
Estoy mirando tu rostro en una foto y denota cansancio con cierto aire de melancolía, y especialmente tus ojos lo demuestran como diciendo: “bueno, este soy yo sin caras ridículas”. ¡Qué imagen distinta de esas que me mostrabas todas las tardes!
Quiero contarte un pequeño secreto. Lo que más deseaba luego de haber pasado horas sentada en el colegio, era llegar a casa y mirarte para que me hicieras reír una vez más, ante el humeante y sabroso café con leche con galletitas dulces que me esperaban en la mesa. No importaba nada más en el mundo cuando te veía, y debo confesarte que todavía extraño esos momentos compartidos, donde toda mi atención estaba posada en tu figura y los múltiples personajes que interpretabas.
Vestías remeras a rayas y camisetas blancas siempre ceñidas a tu cuerpo, enmarcadas con tiradores algunas veces, o cierto sombrero que te hacía parecer un malevo.
Sé que tu vida no fue fácil y quizás sea eso lo que percibo en tu retrato, pero supiste arrancarme muchas risas y no solamente a mí. Fue tu alma de artista la que volcabas día a día con tanta gracia, satirizando las situaciones más cotidianas.
¡Qué gestos hacías! ¡Qué palabras utilizabas! ¿Quién no recuerda aquella frase: “¡qué suerte tengo para las desgracias!”?.
Esas palabras en especial, ¿referían a tu vida? Algún día lo sabré, cuando nos sentemos a charlar y volver a ser tu atenta y pequeña espectadora ante un grande como lo sigues siendo.
Mi estimado amigo, quizás sea ahora otra platea quien te aplaude y ríe con tus célebres chistes y ocurrencias porque un artista siempre lo es, dondequiera que se encuentre sin importar tiempos ni distancias.
Cautivaste a grandes y chicos con un humor inteligente, sin bajezas y muy vivaz.
A tí, mi gran comediante Pepe, va dirigida esta carta y espero que cuando la recibas no emplees otra de tus míticas frases: “¡uy, cómo pega la gorda!”.

Con afecto y agradecimiento,

Marcela



A Pepe Biondi, un grande del humor argentino. 1909-1975
Debajo, un video digno de ver de este excepcional y recordado artista.