
De vez en cuando algunas personas me vienen a visitar al trabajo, y me refiero a quienes se relacionan con mi labor, claro. Todos son hombres hasta el momento. ¡No, no piensen mal!
Una situación algo incómoda me pasó hace unos días con uno de ellos. Digo incómoda, porque una no sabe qué decir en determinadas circunstancias, y menos todavía, cuando un hombre de sesenta y largos, me empieza a contar su situación actual con rabia, angustia y tristeza enorme que dejaba entrever.
Conozco a este señor por teléfono, y una vez o dos nos hemos saludado de lejos. Pero no pasa de ahí vía telefónica: un diálogo que puede llegar a existir comúnmente como el clima, la situación del país etc., esas charlas típicas de cortesía cotidiana.
Ya que había tenido la amabilidad de venir a verme, obviamente lo recibí.
Ya que había tenido la amabilidad de venir a verme, obviamente lo recibí.
Lo invito a sentarse, y acto seguido lanzo la pregunta letal (al menos para él):
- ¿Qué tal? ¿Cómo le va, tanto tiempo?
- ¿Qué tal? ¿Cómo le va, tanto tiempo?
Ahí nomás y sin darme demasiada escapatoria, empezó a contarme que no estaba nada bien. Que prefería morirse a tener que vivir así. Que estaba atravesando su segundo divorcio, y que “ella” había sido la culpable.
Mis palabras eran monosílabos, de esos que emite algún profesional cuando uno va a terapia: “aha”, ”uhh”, “mmm”, “claro”.
Por supuesto lo escuché atentamente y les digo la verdad: que un hombre grande deje deslizar sus lágrimas ante una perfecta desconocida contándole algo tan íntimo, me dió mucha ternura y pena. Simplemente ver a una persona llorando y cualquiera sea su edad, me enternece bastante.
Por supuesto lo escuché atentamente y les digo la verdad: que un hombre grande deje deslizar sus lágrimas ante una perfecta desconocida contándole algo tan íntimo, me dió mucha ternura y pena. Simplemente ver a una persona llorando y cualquiera sea su edad, me enternece bastante.
Va mi segunda pregunta matadora luego de escucharlo (mi mente a esa altura sabía la respuesta):
- Disculpe que le pregunte, pero ¿qué edad tiene su mujer?
- Es 20 años menor que yo (y calculando a simple vista que él tiene aproximadamente 65 años, la mujer tendría casi mi edad. Sí, efectivamente se enamoró de otro hombre y mucho más joven que él. Le fue infiel. Eso pensé, y así lo confirmó él).
- ¿Sabe lo que pasa? Es todo culpa del aparatito ese de Messenger y la computadora. Ya no hay códigos ni valores. Además, yo me estaba dando cuenta por las relaciones sexuales. Vió que es uno de los termómetros para medir una relación, ¿no?
- Bueh, sí…bah, en realidad, (no me dejó terminar y continuó).
- Hace tiempo que yo la buscaba y ella nada. Nunca quería tener sexo conmigo…se mostraba muy fría.
Siguió un rato más, y dejé que así fuera para que se calmara y cuente lo que tenía ganas. Se despachó y mucho: su catarsis fue gigantesca. Sus tonos de voz y rostro, cambiaban según su estado en ese instante: de furia, venganza y dolor profundo.
Me agradeció que lo escuchara y se fue (y creo que más tranquilo).
Me agradeció que lo escuchara y se fue (y creo que más tranquilo).
Me pregunto, ¿qué pasa a la inversa?. ¿No existe esa desconfianza al tener un hombre al lado de menor edad que una? Porque convengamos, que también exigiría un esfuerzo adicional tratar de conquistarlo en el día a día, donde la competencia con mujeres más jóvenes que una, se convierte en algo patético.
Y estar con un hombre bastante menor –hablo de una relación medianamente normal-, donde los celos, por imaginar a una mujer de su edad con él, nublarían la mente dando cabida incluso, a pensamientos nefastos.
Siempre hubo y habrá mujeres que buscan relacionarse con hombres bastante menores a ellas, y no hablo de poca diferencia de edad, sino de muchos más años de diferencia entre ambos.
Siempre hubo y habrá mujeres que buscan relacionarse con hombres bastante menores a ellas, y no hablo de poca diferencia de edad, sino de muchos más años de diferencia entre ambos.
Existen las parejas “disparejas” y el amor entre ellos, pero ¿por qué una mujer madura busca un hombre mucho más joven que ella? ¿para sentirse más vital? ¿para saber que todavía puede seducir a esos hombres que solía conquistar a los 25?.
En mi opinión, no es que vea mal estas relaciones porque cada uno sabrá lo que hace con su vida, y a esta altura, es responsable de las decisiones que vaya tomando. Creo que pasa por un tema de sentirse más vital, sobre todo en el terreno sexual. Quizás algunas mujeres prioricen la cantidad y no la calidad.
Tal vez, como algunas conocidas personalidades del mundo del espectáculo, los tomen a ellos como sus “sex toys” y punto: algo fugaz, pasajero, sin demasiado compromiso, practicando el “hoy te necesito y mañana no”, algo descartable y de fácil consumo, como el mundo en el que hoy vivimos: tan frívolo y desechable como una lata de gaseosa.
Nadie mejor que Maitena para ilustrar la situación en algún aspecto...
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