Las máximas de Don José de San Martín a su hija Merceditas: una lección de grandeza


Mercedes Tomasa de San Martín fue la única hija de Don José de San Martín.
Así anunciaba el nacimiento Don José a su amigo Tomás Guido: "Sepa usted que desde anteayer soy padre de una infanta mendocina".
Esta niña significaba para él su vida. Verla felíz, era su mayor anhelo.
Aparentemente Merceditas era una niña inquieta y rebelde, y que fue en parte educada por su abuela, Doña Tomasa, quien la colmó de cariño excesivo, convirtiéndola en una chiquita bastante caprichosa.
Es así que Don José de San Martín redacta las famosas máximas para la educación de su hija a quien tanto amaba, ya que su educación era primordial para él.

Son frases muy simples que reflejan los valores que él quería para ella; la grandeza de un padre hacia su hija.
Desde la escuela primaria en Argentina las hemos estudiado y leído alguna vez, pero vale la pena recordarlas en el presente, año 2009, y veremos que siguen teniendo la misma vigencia que en el año 1825...

"La educación de Mercedes es idea fija, casi obsesiva, para su padre. Acerca de cómo había encontrado a la niña al regresar a Buenos Aires, hará en 1828 esta confidencia a Manuel de Olazabal: "¡Que diablos!, la chicuela era muy voluntariosa e insubordinada, ya se ve, como educada por la abuela". Mientras navegan, se muestra tan severo, (quizá para eliminar prontamente la inconducta), que Merceditas "lo más del viaje lo pasó arrestada en el camarote".
Ya en Europa e internada la hija en un colegio inglés, del que más adelante pasará a otro sitio en el continente, el Libertador dedica a su educación la mayor parte de los pocos bienes con que cuenta por entonces. Pero no solamente el dinero, sino, también, sus meditaciones.
Si para los granaderos había dictado un severo reglamento, un código con mucho de pedagogía castrense para mejor guiar, para mejor formar a Mercedes, redacta en 1825 las célebres once máximas, esas que él tendrá por objetivos y a cuya lectura recurrirá con frecuencia para hacerlas realidad. A medida que el tiempo transcurra y vea concretarse el éxito deseado, San Martín se referirá al asunto una y otra vez.

Así escribirá a Guido:
"Cada día me felicito más de mi determinación de haber conducido mi chiquilla a Europa y arrancada del lado de doña Tomasa; esta amable señora, con el excesivo cariño que la tenía, me la había resabiado, -como dicen los paisanos- en términos que era un diablotín. La mutación que se ha operado es tan marcada como la que ha experimentado en figura. El inglés y el francés le son tan familiares como su propio idioma, y su adelanto en el dibujo y la música son sorprendentes. Ud. me dirá que un padre es un juez muy parcial para dar su opinión, sin embargo misobservaciones son hechas con todo el desprendimiento de un extraño, porque conozco que de un juicio equivocado pende el mal éxito de su educación."

Las máximas

- Humanizar el carácter y hacerlo sensible aún con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: Anda, pobre animal, el mundo es demasiado grande para nosotros dos.
- Inspirarla amor a la verdad y odio a la mentira.
- Inspirarla a una gran confianza y amistad pero uniendo el respeto.
- Estimular en Mercedes la caridad con los pobres.
- Respeto sobre la propiedad ajena.
- Acostumbrarla a guardar un secreto.
- Inspirarla sentimientos de Indulgencia hacia todas las Religiones.
- Dulzura con los criados, pobres y viejos.
- Que hable poco y lo preciso.
- Acostumbrarla a estar formal en la mesa.
- Amor al aseo y desprecio al lujo.
- Inspirarla amor por la Patria y por la Libertad.


Fuente: www.sanmartiniano.gov.ar

Post Relacionados por categorias


10 comentarios:

  1. Pues te diré que me parecen unas máximas estupendas...y que si la gente cumpliea y siguiera algo así...el mundo andaría un poquitillo mejor. Besos y feliz martes

    ResponderEliminar
  2. Hola!

    Acá una que recién entró a los cuarenta! =) (24/7/69)

    Estaba chusmeando en el blog de Siluz y me encantó el nombre, así que me mandé! Jeje!

    Me tendran seguido por acá.
    Aunque no veo el tema de los seguidores, lo haré a la vieja usanza y me suscribiré al blog! =)


    Me encantan las Máximas de Don José.... Si pudiéramos ponerlas en práctica, otra cosa sería.... Pero bueh!, así es la vida!

    Saludos desde la Patagonia Argentina!

    ResponderEliminar
  3. Saludos, Marcela

    Para ser sincero...las máximas, mis máximas, fueron en mi vida del todo punto elásticas. Quizás es este el asunto de la educación mal entendida.

    Tenemos que darnos cuenta: de que no podemos fijar una elasticidad de valores según non convenga en cada situación. El carácter se forja en la fragua de la vida. Es ella, la que nos templa las máximas. Los cuarenta es una edad, en la cual, las normas de comportamiento dejan de ser súper elásticas; para tornarse más rígidas....sólo unos pocos, pueden presumir de haber navegado cuarenta años con máximas rígidas y de calidad.

    Yo (de las expuestas) me quedo con:

    - Inspirarla amor a la verdad y odio a la mentira.
    - Inspirarla a una gran confianza y amistad pero uniendo el respeto.
    - Acostumbrarla a guardar un secreto.
    - Que hable poco y lo preciso.

    Y de las que se me están quedando rígidas en mi vida:

    -Hacer el amor como si fuese la última vez en la vida.
    -Hablar con quien se respeta a si mismo y a los demás.
    -Saber decir no, sin titubear.
    -Aceptar mi condición de diferente, sin tener que justificarme
    -Vivir el presente más absoluto
    -Aceptar mis instintos -de hombre-mientras no vulneren la libertad de los demás.
    -Buscar siempre el equilibrio entre mente y cuerpo.
    -La teoría está bien, pero la vida se bebe en las batallas de piel contra piel.

    Saludos desde Madrid.


    PD Una máxima más : mirar los ojos de las mujeres buscando vida....el coma emocional se come a la mayor parte de las mujeres de cuarenta y más...


    Under

    ResponderEliminar
  4. Siempre me parecieron hermosas las máximas de San Martín para su hija.
    Leí que la niña además de malcriada y caprichosa estaba bastante "descarriada" por decirlo de un modo elegante... y parece (según algunos historiadores) que el padre de la patria como padre de su hija era demasiado severo, casi llegando a la tiranía. Desde que leí eso, las máximas dejaron de ser algo tan hermoso. tal vez además de las máximas habrá que ver la actitud de los padres, no?
    Un abracito.

    ResponderEliminar
  5. Marce: Es imposible leer sin hacer comparaciones con la actualidad.
    Ojalá cada uno como padres redactáramos nuestras "máximas" y las hiciéramos valer.
    Besos.

    ResponderEliminar
  6. Unas máximas que si todos fuéramos capaces de seguir viviríamos en un mundo mejor.

    Preciosa entrada.
    Un besito mi reina

    ResponderEliminar
  7. A los padres habría que darles a leer estas máximas. En esta época de aceleraciones, olvidamos la educación y les llenamos de cosas materiales con la excusa de que trabajamos mucho. Un saludo

    ResponderEliminar
  8. Me parecen bien todas las máximas, pero ¿porque a los hombres de antaño les gustaban tanto las mujeres calladas?

    No lo entiendo, supongo que era una muestra de sumisión, de docilidad ante la sabiduria del macho. No lo sé, pero conmigo hubiera tenido mucho trabajo en ese aspecto. Mucho.

    Besos,

    Anabel, la Cuentista

    ResponderEliminar
  9. Querida Marcela,
    Que hermoso rescate has hecho y que vigencia de las ideas del Libertador! No vendría nada mal retomarlas para que las familias educasen a sus hijos con estas premisas... y seguramente nuestra convivencia sería muy diferente.
    Un beso,

    ResponderEliminar
  10. Anónimo11:39 a. m.

    que lindo es luchar

    ResponderEliminar

Todos los comentarios serán leídos y moderados previamente

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.