
Rolando Hanglin, periodista y escritor argentino, hace unos pocos años redactó este artículo y volcó su punto de vista sobre los "Códigos del infiel" en el diario La Nación, y que me parece interesante compartir para los que los lustran asiduamente (me refiero a los cuernos), para los que van evaluando la marca de lustramuebles para lustrarlos porque están percibiendo signos, o bien para saber simplemente a grandes rasgos, qué tipos de códigos manejan quienes lo son.
"El discurso del infiel está plagado de angustias imprecisas. Los varones están aburridos, estresados, deprimidos, abrumados por tanta rutina, estancados en un momento de sus vidas en que lo tienen todo (familia, hijos, casa, auto), pero sienten que no son nada. El hombre que dice estas cosas seguramente tiene amante oculta en departamento clandestino, busca la escapatoria para salir de su vida "burguesa".
La mujer se toma más tiempo para la infidelidad. Acusa a su marido de pecados imaginarios. Se siente descuidada. Gorda. Va a la peluquería. ¡Atención, se cambia el corte de pelo! Esto es el prolegómeno de un gran cambio existencial. Ella busca, busca, busca.
La mujer infiel tiene poco interés en el sexo (con su marido). Distraída, soñadora, entra de pronto en unos silencios prolongados mientras mira al infinito.
Tanto él como ella prestan brusca atención al teléfono celular, que llevan muy apretado en el bolsillo o la mano. No quieren que nadie los espíe. Miran el celular como si el aparatito les fuera a hablar... Y a veces chequean las llamadas a solas, en el baño.
Detalle: la mujer infiel se encierra largamente en el cuarto de baño. Para hablar por el celular, para repasar su agenda, para bañarse como Cleopatra, o para no ver la cara de su marido por unos 40 minutos.
El hombre infiel envía mails indicativos. No como la mujer que escribe torrentes, sino mensajes cortos que firma siempre con una inicial: d. Y el puntito después.
El puntito significa: hay secretos entre vos y yo, hay cosas no dichas en esta breve carta, hay un mundo oculto que no puedo volcar aquí por escrito, ya que no sé si tu marido no lee estos mails. De modo que lo no dicho ya te lo imaginás.
A los infieles les resulta difícil explicar dónde estuvieron hoy. Suelen hacer relatos confusos sobre la compra de un par de medias, la reaparición de un viejo amigo, la enfermedad de una tía que "no está bien". Algo desagradable sin horas precisas.
La mujer se toma más tiempo para la infidelidad. Acusa a su marido de pecados imaginarios. Se siente descuidada. Gorda. Va a la peluquería. ¡Atención, se cambia el corte de pelo! Esto es el prolegómeno de un gran cambio existencial. Ella busca, busca, busca.
La mujer infiel tiene poco interés en el sexo (con su marido). Distraída, soñadora, entra de pronto en unos silencios prolongados mientras mira al infinito.
Tanto él como ella prestan brusca atención al teléfono celular, que llevan muy apretado en el bolsillo o la mano. No quieren que nadie los espíe. Miran el celular como si el aparatito les fuera a hablar... Y a veces chequean las llamadas a solas, en el baño.
Detalle: la mujer infiel se encierra largamente en el cuarto de baño. Para hablar por el celular, para repasar su agenda, para bañarse como Cleopatra, o para no ver la cara de su marido por unos 40 minutos.
El hombre infiel envía mails indicativos. No como la mujer que escribe torrentes, sino mensajes cortos que firma siempre con una inicial: d. Y el puntito después.
El puntito significa: hay secretos entre vos y yo, hay cosas no dichas en esta breve carta, hay un mundo oculto que no puedo volcar aquí por escrito, ya que no sé si tu marido no lee estos mails. De modo que lo no dicho ya te lo imaginás.
A los infieles les resulta difícil explicar dónde estuvieron hoy. Suelen hacer relatos confusos sobre la compra de un par de medias, la reaparición de un viejo amigo, la enfermedad de una tía que "no está bien". Algo desagradable sin horas precisas.
El cónyuge del o la infiel no ve las cosas tan graves, y se inclina a consolar a su pareja, que viene de un día horrendo. "Bueno, mi amor, no es tan grave. Ya estás en casita."
El detalle cardinal en el discurso del infiel es su repudio aparente a todo aquello que le gusta. Cuando un hombre habla mal de cierta mujer ("demasiado pintada, está llena de siliconas, me parece casi enana, se la ve tan bronceada que debe vivir en una cama solar, no la veo seria en su manera de manejarse"), esto significa que ella le gusta, y mucho. La infiel hace lo propio, incluso con mayor virulencia: "¡Qué tipo más ordinario! Me parece que es afeminado. ¿No te parece? Sí, seguro, tiene todas las características. Además, cada vez que hablaba de un tema emocionante se le llenaban los ojos de lágrimas. Es un pollerudo".
El pollerudo le gusta. Más aún, ya tiene su tarjeta con el teléfono en la cartera. Y toda mujer atraída por un hombre se pone en su línea visual y ejecuta maniobras para que él no pueda dejar de verla. Como si llevara una pancarta diciendo: MIRAME.
Uno lo explica con humor porque los cuernos son lo más cómico del mundo, mientras no lo adornen a uno mismo. Todo es infinitamente divertido, como una comedia francesa, mientras la historia no sea, ay, nuestra historia.
En realidad, la infidelidad es trágica: importa fallar gravemente al respeto y la lealtad que nos obliga en una pareja. Más allá del matrimonio religioso o civil, laico o informal, heterosexual o gay, las personas se aman y respetan o se usan como instrumento.
Ultimo detalle, el peor: el o la infiel que están a punto de abandonar a su pareja, piden siempre algo más. Ella exige un auto, un vestido, un anillo, un viaje. Posiblemente, en el esfuerzo de recuperar la imagen del marido-proveedor que se le cae a pedazos. Y él solicita platos especiales, mimos, una noche canalla en un hotel de parejas... Ese tipo de cosas.
El detalle cardinal en el discurso del infiel es su repudio aparente a todo aquello que le gusta. Cuando un hombre habla mal de cierta mujer ("demasiado pintada, está llena de siliconas, me parece casi enana, se la ve tan bronceada que debe vivir en una cama solar, no la veo seria en su manera de manejarse"), esto significa que ella le gusta, y mucho. La infiel hace lo propio, incluso con mayor virulencia: "¡Qué tipo más ordinario! Me parece que es afeminado. ¿No te parece? Sí, seguro, tiene todas las características. Además, cada vez que hablaba de un tema emocionante se le llenaban los ojos de lágrimas. Es un pollerudo".
El pollerudo le gusta. Más aún, ya tiene su tarjeta con el teléfono en la cartera. Y toda mujer atraída por un hombre se pone en su línea visual y ejecuta maniobras para que él no pueda dejar de verla. Como si llevara una pancarta diciendo: MIRAME.
Uno lo explica con humor porque los cuernos son lo más cómico del mundo, mientras no lo adornen a uno mismo. Todo es infinitamente divertido, como una comedia francesa, mientras la historia no sea, ay, nuestra historia.
En realidad, la infidelidad es trágica: importa fallar gravemente al respeto y la lealtad que nos obliga en una pareja. Más allá del matrimonio religioso o civil, laico o informal, heterosexual o gay, las personas se aman y respetan o se usan como instrumento.
Ultimo detalle, el peor: el o la infiel que están a punto de abandonar a su pareja, piden siempre algo más. Ella exige un auto, un vestido, un anillo, un viaje. Posiblemente, en el esfuerzo de recuperar la imagen del marido-proveedor que se le cae a pedazos. Y él solicita platos especiales, mimos, una noche canalla en un hotel de parejas... Ese tipo de cosas.

Esta necesidad de exigir una ofrenda final es la puñalada más grave del infiel. Porque el cónyuge traicionado no tarda en hacer sus cuentas. "Me pide la luna, se la bajo con sangre en las manos... ¿y después me abandona?". Es así, y resulta especialmente doloroso porque el infiel, al partir hacia otras playas, se lleva la luna. No la reintegra honradamente al cónyuge para ahorrarle un disgusto, unos pesos, o acercarle un mínimo gesto de consideración. No lo hacemos. No."
Mi querida Marcela, cuànta razòn tiene Rolando.
ResponderEliminarLamentablemente cada dìa el inconformismo, la falta de compromiso, el pensar que todo es desechable, etc, etc. està màs y màs atrapando al ser humano.
Ya las parejas no son lo mismo que antes, claro que no!!!, pero me refiero a ese apego a esa complementaciòn que duraba años.
Hoy somos màs independientes, pendientes de logros, metas, èxito, triunfos personales y en ese vaivèn, dònde queda la pareja?
Creo que la mejor manera de seguir con àlguien por mucho tiempo, ojalà para toda la vida, es pensar que estoy con ella porque "quiero", no porque , debo", siendo conscientes de lo que realmente queremos y sentimos.
Para què entrar a ser infiel? Para què seguir con una mentira de vida?
Al igual pensar que cada uno es un todo , con su espacio, con sus gustos ,con su yo y ambos todos, se juntan para no ser la "otra mitad", sino para unirse, siempre siendo dos, porque asì lo desean, sin sentirse ahogados, ni observados a cada instante.
No es facil, no hay fòrmulas, pero si, la clara convicciòn de lo que queremos y en el caso de la pareja, con quièn queremos estar, sin dejar de ser nosotros mismos.
Un todo màs otro todo, No!! mitad màs mitad.
Un gran abrazo amiga y un besote.
Me gustò mucho este post.
Agualuna-Sussy
Me ha encantado el post...parece todo "tan real". Pero fíjate qué curioso ....lo que me ha parecido magnífico y a cuento es la foto...¡qué cara la de ella leyendo el móvil...abrazada a EL"...Dice mucho. Besos Marcela
ResponderEliminarNo sé si lo que plantea la nota es así o no. Creo que si falla algo en mi pareja me tengo que dar cuenta de algún modo, y si no me doy cuenta, al menos percibo que hay un tema de incomunicación.
ResponderEliminarDifícil el tema de la fidelidad. Cuando la confianza se quiebra es imposible volver a entregarse.
Yo creo que si hay un pacto en una pareja, un pacto de fidelidad (porque las hay abiertas y si les hace bien que le aproveche, para gustos están los colores)decía que si hay un pacto de fidelidad, el tema de la infidelidad pasa por algo muy profundo, por el respeto hacia el otro por la honestidad antes que nada con uno mismo.
No digo que por mil factores no vaya a surgir un tercero en cuestión, somos humanos y a todos nos puede suceder.
Por mi parte, si me moviliza alguien fuera de la pareja, lo primero que hago es poner las cartas sobre la mesa, hablarlo, jugarme con la verdad de lo que me sucede, aún a riesgo de quedarme sin el pan y sin la torta por decirlo vulgarmente.
Cuando estoy enamorada me es imposible mirar a otra persona que no sea mi compañera, y tengo la esperanza de que construyendo en muchos sentidos esto se mantenga en el tiempo. Conozco parejas que lo han logrado y de un modo muy rico y creativo.
También a mí me ha encantado la foto con la que ilustraste, muy significativa.
Un abracito, feliz finde.
Hola Marcela,
ResponderEliminarUn post revelador. Aunque sabemos como son estas cosas.
Una vez leí que el hombre es un eterno cazador. Es su instinto y que siempre estará al acecho de una u otra forma. Pasar a la acción es otro tema.
Es triste y lamentable cuando la infidelidad por parte de ambos pasa a ser algo 'natural' o 'consentido' . Saben que son infieles pero se 'perdonan'.
Un placer, placer volver a comentar.
Un gran abrazo.
Fidelidad, qué concepto tan denostado y raro. No es un valor en alza. En pocos sitios se preocupan de asegurarse un buen servicio, una buena atención para que el cliente vuelva otra vez. Es la ley de la oferta y la demanda, si tú lo das más barato, tú ganas.
ResponderEliminarEn las parejas sucede algo parecido. Si me he cansado de ti, me voy con otro/a, sin remordimientos ni dudas; si uno no obtiene lo esperado o se siente defraudado, es el motivo ideal para "echar una canita al aire", total, ¿qué importancia tiene?
Ahora, la mujer en su carrera por igualar al hombre, empieza a adoptar también el modus operandi del macho.. La confianza se pierde en una niebla espesa.
No hay mal que 100 años dure, ni matrimonio que se aguante. El sacrificio, la fidelidad al compromiso, la lealtad... No son valores en alza.
Besos,
Anabel, la Cuentista
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarA Hanglin no lo entiendo completamente. Si lo escucho hablar, resulta el tipo más centrado y coherente del mundo. Es respetuoso con las mujeres, a quienes defiende permanentemente.
ResponderEliminarLo que dice el artículo , es bastante cierto. Triste pero cierto.
Pero siguiendo con él, no nos olvidemos que cuando le agarró el "viejazo" dejó a su mujer de toda la vida para irse con otra mucho más joven.
Claro que esta última le dio una patada y el fracasado vejete volvió a su antiguo y desesperado amor...
Perdón por la expresión, pero cuando dije antiguo y desesperado quise decir "la cornuda que le abrió la puerta nuevamente". Aunque ese es otro tema.
Saluditos.
Con todo respeto: No lo soporto. Intento escucharlo un rato pero me disgusta, lo creo vacío, hueco, por más que sus apreciaciones parezcan lo contrario. Me transmite solo disconformidad y vacío.
ResponderEliminarSaludos.
Fabi, Mabel:
ResponderEliminarResulta bastante controvertido: tiene adeptos y de los otros. Rebelde, y con una filosofía de vida muy particular. Hanglin en esta nota que realizó, simplemente hace una reflexión de un tema particular.
En este caso y yendo al punto que interesa realmente, no se emite ningún tipo de valor sobre la persona.
Quise decir: "ningún tipo de juicio de valor sobre la persona".
ResponderEliminarSaludos
Agualuna,
ResponderEliminarHola! me alegra volver a leerte y en este tema bastante controvertido y polémico.
Un beso y bienvenida nuevamente! ;)
Winnie,
Aunque podría interpretarse como que ella está leyendo el celular de él también. No? ;)
Beso
Marina,
Eso es verdad. Si tu pareja te llena completamente, no existen los demás. Coincido, sí.
Beso