
Hace unos días, dentro de un vagón del metro de Madrid, había un par de mujeres que pasaban de los cincuenta años, debían estar un poco sordas porque hablaban bastante alto, motivo por el que me enteré de todo lo que contaban.
Las dos señoras competían entre ellas para ver cuál de las dos tenía más amantes y pretendientes… ¡virtuales!. Me hizo mucha gracia ver a estas dos señoras hablando como quinceañeras, sin tener ni la más remota idea de cómo enviar un correo electrónico pero sí de como entrar en un chat.
Una de ellas era la más veterana y la que más conocimientos informáticos tenía. La otra, que parecía su amiga de toda la vida, era todavía una novata en estos temas. Manejaban términos como profile, chat, mail, send, explorer sin saber muy bien lo que significan estas palabras pero sí para qué sirven.
La mujer veterana contaba a su amiga novata, lo indignada que estaba porque un tal Antonio, le borró de su lista de contactos un día después de regalarle un ramo de rosas virtuales por San Valentín. La novata, que ya no sabía si se trataba de rosas virtuales, verdaderas, o un nuevo virus informático, parecía aburrida y confundida por la charla de su amiga.
En un determinado momento, la novata le dijo a su amiga que ya no volvería a utilizar el chat. La amiga extrañada le preguntó el motivo, la novata bajó el tono y dijo que le daba miedo, que algo extraño pasaba en su ordenador. Según ella el explorador de Internet se abría solo sin que ella hiciese nada, la veterana dijo ¡eso es normal, a mí me pasa siempre!. En ese momento la chica que había sentada a mi lado y yo, hacíamos esfuerzos para aguantar la risa.
Además de las misteriosas acciones del explorador, hubo algo que hizo que la novata olvidase definitivamente el ordenador, no fue otro que un señor del norte de España que, al parecer, le hacía proposiciones indecentes.
Decía que cada vez que encendía el ordenador ahí estaba él acechando a la pobre mujer para insinuarse y decirle obscenidades.

La mujer acosada dijo que este señor se había hecho con el control del ordenador, incluso la imagen que tenía en el escritorio había cambiado, ahora tenía ¡al señor acosador del norte de España medio desnudo! Yo no daba crédito a lo que escuchaba, ni la chica que tenía a mi lado tampoco a juzgar por la cara que puso al escuchar aquello e intercambiar una mirada furtiva conmigo.
Una voz robotizada, de mujer y en un tomo más alto que el de las dos señoras, anunciaba mi parada. Me levanté de mi asiento, me fui hacia la puerta de salida y sólo pude escuchar lo que yo supuse el final de la conversación que fue más o menos así. La veterana dijo que debería denunciar al acosador a la policía, la acosada, muy llena de razones dijo ¡si hombre, para que la gente piense que soy una guarra!.
Ignoro el motivo por el que ese señor lucía medio desnudo la pantalla del ordenador de aquella señora, ni de las extrañas acciones de su ordenador, lo cierto es que en el mundo virtual hay mucha gente rara, mucho más que en la vida real.
Este post fue escrito por Matritensis, a quien le agradezco mucho su participación.