De chica y antes de dormir, me iba a la cama con un libro. Mi papá tenía toda la enciclopedia Salvat en un mueble que aún sigue en la casa de mi madre, atesorando además, muchos libros sobre historia argentina (muchísimos), diccionarios de la lengua española, de inglés, francés, y uno en especial que me encantaba hojear: un diccionario médico. Recuerdo que me impresionaban algunas fotos, pero no podía dejar de recorrerlo con la vista. Eran épocas en las que me iba a dormir como una buena nena a las nueve de la noche, ni más ni menos, luego de la cena familiar de todos los días.
Mirar televisión sólo me era permitido un rato al mediodía cuando venía del colegio, o un rato a la tarde luego de terminar mi tarea escolar. Eso sí: nada de novelas, de ver besos, ni nada que implicara contacto o expresara "algo más". Vetado.
Como no miraba televisión de noche, entonces iba al mueble y escogía uno de esos tomos al azar de la enciclopedia y me lo llevaba para leerlo. Me entretenía. Miraba cómo se escribían algunas palabras, y descubría el inmenso placer de la lectura a la vez que aprendía nuevos significados.
También en esos estantes del mueble inmenso, descansaba y -lo sigue haciendo-, un libro de Mafalda. Cuando me lo regalaron no paraba de leerlo y de mirarlo entusiasmada porque iba a formar parte de la vida de Mafalda y sus amigos, aunque no entendía algunos diálogos de esta niña precoz, pero que los leía de todas formas sin perderme ninguna detalle.
Todos los personajes me gustaban, aunque Susanita me atraía de manera especial por sus diálogos y esa pizca de maldad que dejaba deslizar en cada comentario.
Maldad y caprichos típicos de alguna nena, futura mujer, que Quino plasmó en ella seguramente, valiéndose de su conocimiento del mundo femenino de su entorno. Tan errado no estuvo.
Maldad y caprichos típicos de alguna nena, futura mujer, que Quino plasmó en ella seguramente, valiéndose de su conocimiento del mundo femenino de su entorno. Tan errado no estuvo.
Chismosa, metida, verborrágica, soñadora y desde su lado inocentón, Susanita Clotilde Chirusi (un nombre perfecto para ella), generaba algo de ternura, pero por otro lado daban ganas de tirarle de la oreja hasta dejársela morada. Ella es conocida también como "la mala" del grupo de amiguitos de Mafalda.
Su único objetivo en la vida era casarse y tener hijitos.
Esto dijo alguna vez: "Mi esposo será alto, morocho y sin madre; y nunca nada se interpondrá entre nosotros". Así de brava y convincente. Me pregunto si finalmente encontró a su príncipe alto, morocho y sin madre. Un misterio.
Ahora, leyéndola muchos años después, vuelve a arrancarme sonrisas con sus pensamientos y comentarios. ¡Era terrible a sus 6 años! y no quiero ni imaginarla pasados los 40 años; ¿habrá estudiado? ¿se habrá casado con el ejecutivo que soñaba, o se casó con alguien de menor "status" que ella? Quién sabe.
Se dice que las mujeres tenemos algo de Susanita. ¿Será esa cuota de "brujitas", de picardía y caprichos? ¿de malhumores sin razón aparente que a más de un señor dejan sin habla? ¿cómo sería hoy Susanita Clotilde Chirusi?.
Gracias al genial Quino, a Mafalda y a sus amigos, por esos días maravillosos e inolvidables que compartí con ellos; momentos con aromas a café con leche y galletitas que jugaban a ser barquitos.
Hasta pronto,
Marcela
Imágenes: El mundo de Mafalda
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