Siete y media de la mañana de hace tres sábados atrás. A esa hora, algún sonido proveniente de las ramas de los árboles linderos, se cuelan en el dormitorio sin permiso. Me levanto tratando de no despertar a mi marido mientras me dirijo a realizar la rutina de mi desayuno: café con leche con una tostada untada con queso blanco y dulce de tomate. Abro la puerta del balcón sin hacer mucho ruido para no despertar a los demás.
Con pasos todavía inestables voy respirando hondo, tratando de que los árboles, el cielo y el verde, penetren por cada centímetro en mi cuerpo mientras el humeante café se diluye.
No sé dónde exactamente, pero algún vecino está aprendiendo a tocar el piano y hace tiempo que lo vengo escuchando. Empieza temprano como yo, tal vez porque considera ese horario como uno de los mejores donde puede concentrarse y dejar que sus dedos se posen en las teclas adecuadas para que salga la melodía que estudia.
De pronto, empieza a tocar esto:
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Mi piel se erizó completa e inmediatamente porque es mi película favorita, y escucharla en un piano vecino muy cerca de donde yo estaba, fue un placer porque era, creo, la única espectadora despierta en ese momento.
Disfrutar del silencio es realmente agradable porque se descubren sonidos cotidianos y de los otros, aquellos que nos hacen empezar el día de otra manera: emocionados y sensibles.
Vinculando la anécdota del balcón y el silencio, comparto con ustedes uno de los refranes que más me gusta:
"Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio".
- Proverbio hindú -
Puede incomodar
Puede sentirse placer
Puede presentarse de golpe
e irrumpir sin permiso
Durar eternamente
Ser vergonzoso
Inexplicable
O perfectamente entendible
Ésa sería mi pequeña descripción del silencio. ¿Disfrutas del silencio o sos de los que tienden a evitarlo?
Marcela
