Podría pasar inadvertida. Quizás lo pasó muchas veces en el torrente de palabras que decimos diariamente, pero uno va tomando aquello que le suena interesante para detenerse unos segundos y parar. Parar y pensar su significado. Pero la predisposición de uno es importante para capturar el momento y, que aquello corriente y ordinario, pase a ser algo más.
Eso me pasó apenas unos días atrás cuando escuché: "dejá, no hay que forzarlo. Si no sucede es por algo".
La habré escuchado millones de veces pero esta vez, esa pequeña frase me descolocó. Bueno...no en realidad -estoy exagerando- pero no quedó en el aire, me detuve en ella un rato.
Pensé en lo cabeza dura y orgullosa que soy, y en las tantas veces que traté de hacer algo mientras muchísimas señales me decían que no avanzara. Sin embargo, y pese a ellas, insistí. Es natural desobedecer y hacer lo que uno siente y quiere aunque sepamos que es muy probable vernos de naríz al piso.
¿Y si resultara lo contrario?
